Sara Plaza Serna, en Culturamas. Foto: Bessie Smith (1894-1937)
Sus letras relatan la crudeza de la vida de una mujer negra en esa época. El maltrato y la discriminación por partida doble: por raza y por género. Sin pelos en la lengua y con un lenguaje directo, Bessie Smith y todas las cantantes de jazz pudieron hablar sobre temas que en otro contexto hubieran estado vetados. Por ejemplo, Strange fruit, de Billie Holiday, canción donde se habla de los negros que aparecían colgados de los árboles. O también I used to be your sweet mama, de la propia Smith, en la que canta la tormentosa relación con un hombre que la maltrata. Precisamente esta canción, llena de poder y fuerza, fue el título que Angela Davis, uno de los nombres más importantes de los feminismos negros, eligió para el que probablemente sea su libro más conocido. En él, esta activista pone en cuestión la universalidad del feminismo que habían defendido anteriores pensadoras como Simone de Beauvoir. Davis asegura que el discurso feminista pronunciado hasta la fecha estaba dirigido a las mujeres blancas y burguesas y que en él quedaban excluidas las mujeres de otras razas y lugares. Los feminismos negros defendían que no todas las mujeres sufren la misma opresión, la raza también es un factor de discriminación y, por tanto, las mujeres son excluidas doblemente. Esta visión multiplicó los puntos de vista del feminismo y demostró que no se puede hablar en nombre de todas las mujeres cuando otras voces minoritarias no han sido incluidas. Gracias a este texto, posteriormente surgieron otros discursos como los de los homosexuales o transexuales que también pudieron denunciar la discriminación que sufrían por su condición alejada de la normatividad que dicta el patriarcado.






