El Estado Islámico (EI) ha sido promovido durante el verano al rango de enemigo número uno de los Estados Unidos y de sus aliados. Su expansión hacia Bagdad al sur y hacia el estado autónomo kurdo en el norte ha conllevado su intervención. Al mismo tiempo, la organización yihadista multiplicaba sus crímenes.
El EI no es un estado sino una organización yihadista armada que pretende construir un estado. Antes de este verano dominaba ya porciones de territorio en Siria y en Irak. El pasado 10 de junio tomó el control de Mosul, segunda ciudad de Irak. El 29 de junio, la organización, que primero se llamó Estado Islámico de Irak, y luego Estado islámico de Irak y Levante, cambió de nombre y fue proclamado un “califato” en Mosul. El “califa”, Abu Bakr al-Baghdadi, controla ya una región a caballo entre Irak y Siria.
Diversos padrinos
La organización salió de Al Qaeda, pero se ha alejado de ella progresivamente. En efecto, Al Qaeda pone el acento en la lucha contra los Estados Unidos y Occidente, mientras que las sucesivas organizaciones que han dado nacimiento a EI se concentran en “el enemigo cercano”: régimen sirio, opositores no islamistas a este último y chiitas en el poder en Bagdad desde la caída de Saddam Hussein. El objetivo es el control efectivo de territorios en los que los yihadistas puedan imponer su orden. A esta diferencia de orientación se añaden conflictos a nivel local (en Siria, la organización que tiene la “franquicia” Al Qaeda es el Frente Al Nusra) o para captar recursos financieros.










