Comunicado del Buró Ejecutivo de la IV Internacional

Cuando se derrota a la dictadura de Somoza en julio de 1979, el FSLN contaba con un amplio respaldo de las mayorías sociales e intentó sentar las bases objetivas y subjetivas de un proyecto revolucionario de carácter socialista, no sin grandes desafíos que enfrentar en un país de una economía altamente dependiente y una profunda desestructuración social, sin mencionar la contrarrevolución que Estados Unidos promovería en los 80 y que sería determinante en esta etapa del sandinismo. La Cuarta Internacional inmediatamente celebró el derrocamiento de dicha dictadura y se implicó a fondo en la solidaridad con el movimiento revolucionario popular.
Conscientes de que las transformaciones económicas y sociales radicales serían paulatinas, el FSLN impulsó una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional donde estaba representado el bloque sandinista y la burguesía. Se proclamó pues, que los principios de la revolución eran la economía mixta, el pluralismo político y el no alineamiento, como las estrategias necesarias en el corto plazo.
En el largo plazo, el Programa Histórico del FSLN sería el marco general a desarrollar, si bien no se realizó en su totalidad, dejando deudas importantes con respecto a la emancipación de las mujeres (en particular, dejando intactas las leyes restrictivas de aborto que sólo permitían la interrupción del embarazo si la vida de la mujer estaba en peligro) o las reivindicaciones del campesinado, así como errores gravísimos como el respetar la deuda externa contraída por el somocismo y la aplicación de políticas monetaristas a finales de los años 80. No obstante, a partir de 1988, los líderes sandinistas introdujeron un ajuste estructural que degradó las condiciones de los pobres sin afectar a los ricos. Estas políticas se parecían mucho a las condiciones que habitualmente impone el FMI y el Banco Mundial mientras, al mismo tiempo, bajo la presión de Washington, ambas instituciones habían suspendido su ayuda a las autoridades sandinistas. Dichas política de ajuste fueron muy criticadas por ciertas tendencias en el seno del FSLN, ya que cargaban sobre las espaldas de las clases populares el esfuerzo del ajuste.