En las últimas semanas, México ha sido testigo de una enconada lucha entre el Frente Nacional por la Familia (FNF) y las diferentes organizaciones de la comunidad lésbica-gay-bisexual-transexual-intersexual-queer (LGBTIQ) por el tema del matrimonio igualitario, puesto a debate con motivo de la iniciativa presidencial del 17 de mayo de este año.
Irving Radillo Murguía, miembro de la Coordinadora Socialista Revolucionaria
En el marco del Día Nacional contra la Homofobia y Transfobia (17 de mayo), el presidente Enrique Peña Nieto presentó una propuesta de reforma al artículo 4° de la Constitución con el fin de que el matrimonio sea contemplado como derecho humano sin importar, entre otras cosas, la orientación sexual de quienes busquen contraerlo, con la consecuente legalización de las adopciones homo y lesboparentales. Además, plantea modificaciones al Código Civil Federal para facilitar a las personas trans la expedición de documentos oficiales de acuerdo a su identidad de género.
Esta iniciativa vino de la misma persona que en 2010, siendo gobernador del Estado de México, dijo en televisión nacional que personalmente no compartía la idea de que dos personas del mismo sexo pudieran adoptar. Paradójicamente, el propio Peña Nieto impulsó la candidatura de Eduardo Medina Mora, el ministro más conservador que tiene la Suprema Corte de Justicia, quien siendo procurador general de la República durante el gobierno de Felipe Calderón impugnó la Ley para la Interrupción Legal del Embarazo en la Ciudad de México. Además, la presentación de la iniciativa la hace de manera tardía, un año después de que la Suprema Corte emitiera una jurisprudencia en la que obliga a los jueces a celebrar el matrimonio entre personas del mismo sexo.
En medio de una crisis de legitimidad, acusado de represor, asesino e incompetente por la opinión pública nacional e internacional, Peña Nieto se quiso presentar como defensor de los derechos humanos y un gobernante progresista, siguiendo el ejemplo del gobierno estadounidense, para ganar a su causa a la comunidad LGBTIQ centrada en alcanzar el derecho a casarse. Sin embargo, no previó que iba a encontrar una férrea resistencia entre los sectores más conservadores de la sociedad mexicana.