Jaime Pastor. Autor de Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda (La oveja roja-Viento Sur) y de Catalunya quiere decidir (Icaria)
Además, lo que es más importante, probablemente asistiremos, gracias al proceso de autoorganización que se ha producido con iniciativas como la Radical Independence Campaign, Women for Independence y otras a favor del ‘Sí’, a una progresiva difusión del activismo de base escocés en el seno de la sociedad británica como expresión de lo que un periodista ha calificado de “insumisión populista” no sólo frente al “unionismo” sino también contra las políticas neoliberales de David Cameron. Porque, como ha escrito Owen Jones, en la papeleta del ‘sí’ se podía leer también: “nunca jamás volver a vivir bajo un gobierno Tory”.
Con todo, lo más relevante –y cuyo posible desenlace afirmativo ha hecho temblar hasta hace pocas horas a todo el stablishment occidental y sobre todo a las elites de la Unión Europea- ha sido el hecho inédito desde 1945 de la celebración de un referéndum sobre la secesión en una parte del territorio de uno de los estados más viejos del mundo como es el Reino Unido y que, además, esto se haya podido realizar de forma negociada y legal. Cae así por los suelos, después de precedentes como el de Quebec, la presunta “teoría del agua salada” que insistía en que el derecho a la autodeterminación es algo que sólo puede ser reclamado por los pueblos colonizados, “teoría” que además no se aplica a pueblos como el palestino o el saharaui.

