INTRODUCCIÓN
Tino Brugos, de Viento Sur
Con casi un millón de kilómetros cuadrados y 175 millones de habitantes, Nigeria es la gran potencia africana junto con Sudáfrica. Al igual que el resto de los países africanos es el resultado de la colonización, británica en este caso. En su intento por lograr el control de las rutas comerciales, sobre todo tráfico de esclavos, que surcaban los ríos Níger y Benoué, los ingleses fueron ocupando territorios hasta formar la inmensa colonia que se corresponde con la actual Nigeria.
En su avance hacia el interior y, para evitar conflictos mayores, los colonizadores dejaron amplias zonas del interior del país bajo la fórmula del Dominio indirecto que permitía una amplia autonomía en los asuntos interiores a las jefaturas y las élites tradicionales. Este sistema, útil en aquel momento, se ha revelado como una fuente de conflictos tras la independencia. En lugares como Sudán del Sur o Nagalandia, en la India, el Dominio indirecto permitió la aparición de conflictos que llegan hasta nuestros días.
En el caso de Nigeria, la región del Norte se mantuvo bajo el control de los gobernantes tradicionales, refractarios a cualquier símbolo de modernidad introducido por la colonización que procediera de las áreas costeras. Estos gobernantes, vinculados a una interpretación rígida del Islam cultivan una recreación histórica que les vincula con el Califato de Sokoto y su Yihad en el Sahel durante el siglo XIX y un rechazo hacia elementos disgregadores como el sistema educativo tanto de la época de la colonia como el surgido tras la independencia. No es casualidad que la insurgencia yihadista actual haya tomado el nombre de Boko Haram (La educación occidental es pecado) manteniendo un sistema dogmático e irracional basado en los valores religiosos.
A pesar de esto Nigeria se ha mantenido como un país singular en el contexto africano. Se ha dotado de un modelo federal (sistema poco frecuente en el continente) para suavizar las tensiones centrífugas con resultados reseñables si se exceptúa el conflicto de Biafra a finales de los años sesenta del pasado siglo. Como en otros países ha conocido varios golpes de estado protagonizados por el ejército aunque ha logrado restablecer siempre el sistema parlamentario. Esta relativa solidez ha permitido a Nigeria convertirse en un aliado clave para los países occidentales en la región participando en diversos operativos pacificadores (desde Liberia hasta el más reciente de Mali)
La aparición de Boko Haram se está convirtiendo en un peligroso elemento de desestabilización. Sus actividades ya han causado varios miles de víctimas y un número mayor de desplazados internos y refugiados en los países vecinos. Hasta el momento las condenas de los países occidentales no han pasado del umbral de la retórica, priorizando su preocupación por lo que viene ocurriendo en el contexto de Oriente Medio. Sin embargo, la configuración fronteriza artificial surgida de la colonización está jugando un papel importante puesto que Boko Haram cuenta con buena implantación en el vértice fronterizo donde confluyen Camerún, Chad y Níger, una región donde se encuentran varias etnias trasfronterizas, lo cual comienza a repercutir entre los vecinos de Nigeria. Paul Martial analiza la situación creada en las últimas semanas señalando los graves riesgos de fractura interior en Nigeria si continúan las actividades de Boko Haram sin que ninguna otra fuerza sea capaz de oponerse a su avance.
Una política que sume al país en la barbarie