Ahora es el momento de la libertad palestina tras años de ocupación y desposesión
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Esta semana se conmemora el 50 aniversario de la ocupación por parte de Israel de Gaza y Cisjordania, incluido Jerusalén Oriental. La cicatriz que dejó en mi cabeza aquel funesto día de 1967 en que empezó el dominio militar está ahora enteramente cubierta por mi cabello encanecido, pero la cicatriz que aquel día dejó en mi vida continúa en carne viva.
Tenía menos de tres años cuando mi preocupada madre, de 24 años, nos asió apresuradamente a mí y a mis dos hermanos mayores para huir a la seguridad relativa de Jordania, justo unos días después de que las fuerzas armadas israelíes ocuparan Ramala.
Mi abuela, una refugiada de [el pueblo de] Safad durante la Nakba de 1948 (la expulsión masiva de más de 750.000 palestinos originarios para establecer un Estado de mayoría judía en Palestina) tenía serias dudas acerca de qué aconsejar a su hija. No quería que sufriéramos el destino de su familia cuando se les obligó a punta de pistola a abandonar su hogar en Safad y, más tarde, se convirtieron en refugiados en Siria. No obstante, por encima de todo mi abuela quería que estuviéramos seguros.
Un rumor que desencadenó el pánico acerca de que las autoridades militares israelíes iban a cerrar enseguida el único paso fronterizo entre Palestina y Jordania zanjó el debate. Este rumor convenció a mi madre de llevarnos a Amman, “temporalmente, hasta que acabara la guerra”. Mi abuela trató de tranquilizarla con esas palabras, pero apenas podía ocultar su convicción de que Israel nunca nos permitiría retornar.




















