sábado, 25 de junio de 2016

Así fue el Homenaje internacional de apoyo al Pueblo Mapuche, celebrado en Malmö (Suecia)

ACTO INTERNACIONAL EN APOYO AL PUEBLO MAPUCHE
MALMÖ, 18 DE JUNIO DE 2016
  
 “Un pueblo que no se gobierna no tiene dignidad”

Sensibilizar y visibilizar su problemática son las únicas consignas que pide el pueblo Mapuche para fortalecer su lucha. Y este fue el motivo del acto internacional que se celebró en Malmö, Suecia, el pasado 18 de junio, con la presencia de los internacionalistas Txema Abaigar y Maureen Zelaya, militantes de Anticapitalistas, y miembros de la Plataforma de Apoyo al Pueblo Mapuche, radicada en Madrid, como Nélida Molina y Carlos Morales.

Lorena Cabrerizo, para InfoGAIA internacionalista y anticapitalista

Una jornada que debe enmarcarse, de forma más amplia, en la necesidad de frenar los procesos de neocolonialismo que se están llevando a cabo en toda Latinoamérica y cuyas implicaciones nos afectan a todas. En el caso concreto del pueblo Mapuche, el decreto ley 701 de 1974 -aprobado por la Junta Militar de Pinochet y prorrogado por Bachelet en 2014-, “posibilitó que las plantaciones de monocultivos de eucaliptus y pino radiata recibieran un subsidio de parte del Estado que nominalmente cubría el 75% de la inversión inicial pero que, en los hechos, cubría un 100% o más”, lo que en la práctica se tradujo en posibilitar que las grandes empresas forestales expropiaran y desertificaran las tierras mapuches con total impunidad.

La historia del pueblo Mapuche es la historia de 500 años de lucha por defender su territorio, originalmente ubicado en todo el centro y sur chileno y argentino. Si bien es cierto (y paradójico) que durante la corona española fueron reconocidos y escuchados, poco después de la independencia, el Estado chileno comenzó una dura represión, sólo interrumpida en tiempos de Allende, que a día de hoy se está cobrando vidas como la del estudiante mapuche Matías Valentín Catrileo -quien falleció tras recibir varios proyectiles por parte de la Policía chilena-, y que arroja elevadas cifras de presos políticos como Felipe Durán, fotógrafo y activista, y de niños y niñas que son víctima de la violencia policial, como se ha denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Un Estado que emplea la Ley antiterrorista, aprobada igualmente bajo la dictadura, como única respuesta represiva ante un problema que es político en tanto en cuanto se está ejerciendo una clara violación de los derechos humanos. Hasta tal punto llega la connivencia del Estado con el capital, que el gasto en Carabineros para proteger a forestales y eléctricas como Endesa, es superior al Fondo de Tierras y Aguas.

La reivindicación del pueblo Mapuche por conservar su cultura y su ecosistema es una reivindicación por la vida que está siendo aniquilada por el capital, el único y verdadero enemigo y no, como quiere hacer creer el gobierno, una lucha contra el Estado plurinacional: no se está atentando por la ruptura política o territorial, sino reclamando el reconocimiento como actores políticos y su derecho a la autodeterminación. Pero ante la represión sufrida, la vía del diálogo parlamentario se está agotando y la movilización mapuche es ya de alta intensidad, basada en prácticas de sabotaje al capital y sus empresas. Una movilización de naturaleza  intergeneracional protagonizada por aquellos jóvenes que a finales de los años 90 fueron niños y niñas que sufrieron el allanamiento de sus comunidades, y que requiere de la unión con la comunidad urbana, en donde se concentra el 70% de los y las mapuches, emigrados forzados por la expoliación y víctimas de la discriminación y la pérdida de identidad por la “castellanización” de sus apellidos.


Pero aumentar la concienciación y la presión social no está resultando fácil en Chile. Los medios de comunicación de masas, al servicio del gobierno, construyen un relato mediático criminalizador y la información alternativa aún no es suficiente, si bien está despertando la solidaridad y el entendimiento del conflicto por parte de los movimientos sociales, especialmente el estudiantil. De ahí la necesidad de campañas de sensibilización como el acto que nos llevó hasta Suecia, en donde reside la segunda comunidad de chilenos y chilenas más grandes, exiliados políticos de la dictadura. Tras la presentación del conflicto, se proyectó el documental realizado por Carlos Morales y Nilo Benavente, Mapuche. La resistencia de un pueblo que exige respeto un impactante abordaje desde diversos puntos de vista, como el de Patricia Lienlaf, vocera de la organización Meli Wixan Mapu o la del académico y político Francisco Huenchumilla, cuyas palabras abren esta entrada.

Para cerrar el acto o, mejor dicho, para abrir otro espacio político desde el que apoyar la lucha mapuche, se desarrolló un interesante debate que giró en torno a cuestiones como el funcionamiento horizontal cómo única forma para impedir el descabezamiento del movimiento; la necesidad de la solidaridad internacional, entendida como solidaridad de ida y vuelta; la articulación con otros procesos de defensa de la cultura originaria, como el pueblo Sami en Suecia, y la propagación de un mensaje claro y sin fisuras que nos haga entender que su lucha es también la nuestra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario