La imaginación de los movimientos de la sociedad civil, no sólo en Ecuador sino también en otros países, acuñó el término yasunizar para designar la lucha por la no explotación de petróleo en zonas sensibles, como en Yasuní o en las islas Lofoten en Noruega, San Andrés y Providencia en Colombia, Lanzarote en las Islas Canarias y Madidi en Bolivia.
Boaventura de Sousa Santos, sociólogo y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra. Autor de múltiples artículos y libros. En Público
El pasado 11 de abril presidí en Quito (Ecuador) el Tribunal Ético sobre el Parque Nacional amazónico Yasuni. Se trató de una sesión especial del Tribunal Permanente de los Derechos de la Naturaleza, constituido en la tradición de los tribunales de opinión pública internacional de que los grandes inspiradores son el Tribunal (Bertrand) Russell y su sucesor, el Tribunal Permanente de los Pueblos. Estos tribunales fueron creados para denunciar ante la opinión pública mundial graves violaciones de los derechos humanos que los tribunales nacionales e internacionales se revelan incapaces de condenar.
Yasuni es considerada una de las regiones del planeta más ricas en biodiversidad y donde viven varios pueblos indígenas, algunos de ellos en aislamiento (no contacto) voluntario. A lo largo de la primera década del milenio, fue germinando en el movimiento ecologista ecuatoriano la idea de que debería ser prohibida la explotación de petróleo en el Yasuni. En 2007, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, asumió como suya esta propuesta y le añadió una condición que la transformaría en una de las formas más innovadoras de cooperación internacional: Ecuador se comprometía a no explotar el petróleo del Yasuni si la comunidad internacional resarciese al país la mitad de los beneficios resultantes de la explotación. Esta propuesta sorprendió al mundo por su carácter innovador: ante la creciente amenaza del calentamiento global, esta propuesta iba mucho más allá del Protocolo de Kioto y de los mercados de carbono, y apuntaba hacia un nuevo paradigma energético menos dependiente de los combustibles fósiles, los grandes responsables del efecto invernadero; por otro lado, la propuesta mostraba que la lucha contra el cambio climático es un problema nuevo que exige otro tipo de cooperación internacional, en la cual debe ser contabilizada la deuda ecológica de los países más desarrollados.